Por Jarred Schremmer
Impactar, transformar, bendecir, inspirar. Cuando llegué por primera vez al Vickery Wellness Center de Buckner, estaba preparado a vivir esas palabras. Nada más que no sabía que yo sería el receptor.
Vickery es un centro comunitario que se define por las relaciones cercanas que tienen los habitantes y, en mi mente, es la encarnación del amor que Dios tiene por su gente. Los niños y las familias de ésta comunidad son muy receptivos al tiempo que les dedican los voluntarios.
Yo he tenido la oportunidad de ayudarles a los niños con sus tareas, he jugado con ellos, les he dado estudios Bíblicos y los he cuidado mientras que sus padres toman clases de inglés. Nada se compara con lo que siento cuando entro al centro y los niños se me acercan corriendo y gritando mi nombre.
Es mi gran deseo compartir con los niños el amor de Dios y trato de darles el ejemplo de ser buen cristiano.
Una vez escuche a un pastor decir, “No tienes que ser perfecto, sólo estar dispuesto a servir.” No podría yo estar más agradecido por esa frase. Le pido a Dios que me use para sembrar semillas y cubrir las necesidades de los niños. En el proceso de servirlos, he madurado como cristiano y he aprendido más acerca de mí y del carácter de Dios. Sólo espero que yo también haya tenido un impacto significante en sus vidas, tanto como ellos la han tenido en la mía.