Por Aracely Pérez
Buckner International
Mi madre recibió su primer par de zapatos a los 14 años. Ella me recordó de esto mientras que leíamos una revista de Buckner Today en mi carro.
Le llevé la revista para enseñarle como Buckner le había dedicado una edición a las necesidades de los niños en las Américas. En particular, quería que leyera el artículo de una niña que vivía en una comunidad Zapoteca cerca de Oaxaca.
Me sorprendí cuando a mitad del relato ella lo empezó a leer en voz alta. Comenzó ahogarse en sus palabras y los ojos se le llenaron de lágrimas cuando leyó la última frase.
La vi con otros ojos esa tarde. En sus ojos vi a la niña de catorce años que era mi madre cuando vivía en Zacatecas, México.
Mi madre sabe lo que es vivir en la pobreza y no saber si los niños van a llegar a ser adultos. Como la mayor parte de su familia, mi madre vio morir a seis de sus hermanitos y hermanitas antes de que llegaran a los dos años por causa de enfermedades o desnutrición.
“Quiero ir en un viaje misionero” me dijo en español. “Quiero ayudarle a los niños como esta bebe que necesita esperanza y el amor del Señor Jesucristo.”
Ese lunes nos inscribimos para ir en el viaje misionero de madres e hijas a Guatemala.
Durante el viaje, mi madre regaló abrazos, besos, compartió el evangelio y le dio mucho amor a cada niño que conoció. Cada día durante esa semana vi a mi madre darse de ella misma como nunca en su vida. La vi dar su tiempo como una sirvienta del Señor. La vi dar su tiempo como una madre. Más que nada, la vi dar su tiempo como una niña que paso por una experiencia semejante a los niños que conoció.
Mi madre no tuvo que decirme cuanto le afecto este viaje misionero. Lo pude ver en su cara, en sus gestos y en la forma que platicaba con otros sobre el viaje cuando llegamos a casa. Ella dejó parte de su corazón en Guatemala y a la vez, ella también se trajo parte de Guatemala con ella.
Hasta ahora mi madre no ha parado de compartir sus historias del viaje con otros. Comparte tus historias con su familia y amigos. Tal vez Dios lo esté llamando a usted a que comparta la experiencia que tuvo en un viaje misionero.
Para someter sus historias, escríbale a Buckner a news@buckner.org.